Miles de seguidores reciben en Montevideo al delantero que con su vuelta resucita al fútbol uruguayo.

El avión privado con matrícula LVIRQ, proveniente de Barcelona y propiedad de Lionel Messi, arribó al aeropuerto uruguayo de Carrasco a las 10.55 del último día de julio. A bordo, el máximo goleador histórico de la Celeste, Luis Suárez, y familia.

En tierra lo esperaban miles de hinchas de Nacional, club en el que surgió y al cual vuelve a jugar el pistolero, 17 años después, tras una nutrida carrera que lo llevó a Holanda, Inglaterra y España, y luego de una extensa trama de negociaciones que comenzaron cuando Suárez rechazó la oferta del club argentino River Plate.

Suárez vuelve a Uruguay por amor. El de sus compatriotas —hinchas o no de Nacional— y el que lo une a su familia, según confesó en sus primeras declaraciones en tierra firme, en las que reveló que fueron Delfina y Benjamín quienes le manifestaron su deseo de vivir en su país, cerca de sus primos y de sus tíos.

”La felicidad que tienen ellos no tiene nombre”, remató el delantero. “Lautaro es muy chiquito, pero ya llegó acá y pidió la camiseta de Nacional. Delfina y Benjamín se contuvieron las ganas de llorar de emoción cuando se enteraron que veníamos a Uruguay y fueron a contarle a los amigos”, agregó. Y se ocupó del legado: “Quiero que mi hijo juegue en las canchas de tierra que yo jugué”.

También puso su granito de arena para erradicar un grave problema del fútbol uruguayo, que aleja por completo este tipo de fichajes. “Ahora que somos un ejemplo, que va a estar mucha gente mirando el fútbol uruguayo, tratemos de eliminar esa violencia y los insultos”, dijo.

Luis Suárez recibió ofertas de todas partes del mundo además de la de River, algunas muy suculentas, como la del Toluca de México, por algo menos de seis millones de euros anuales. Sin embargo, va a jugar por unos 30.000 euros mensuales, al igual que otros tres jugadores de la plantilla.

La alegría del delantero nacido en Salto, en el litoral uruguayo que linda con Argentina, pudo verse reflejada en su rostro, estirando su cuello como un niño por la ventanilla de la van que encabezó una enorme caravana de aficionados que lloraron, aplaudieron, saludaron y agitaron banderas desde veredas, azoteas, balcones, buses, veleros y hasta una avioneta a su ídolo, el de los dos goles a Inglaterra en Brasil 2014, el que debutó y regresó al Gran Parque Central.

El primer desencadenante para que Suárez vuelva a Nacional es el clima de Catar, y la atípica fecha en la que se jugará la Copa del Mundo. Luego, fueron clave su familia y amigos, sus colegas, y los hinchas y dirigentes del Tricolor.

“Tiempo atrás cuando estábamos en la selección siempre hablamos de la posibilidad de volver, el tema era saber cuándo era el momento indicado, no el deseo. Este teóricamente no era el momento, pero por la gran movilización y gestión que hizo el presidente y todo lo que generó el hincha, lo terminó movilizando a él”, dijo a EL PAÍS el exjugador y hoy entrenador, Sebastián Abreu.

Es que cuando Suárez le dijo no a River, también reconoció: “Estoy sorprendido porque los dirigentes de Nacional ni siquiera me llamaron para saber mi situación”. La reacción de la hinchada de Nacional no se hizo esperar. El hashtag #SuárezANacional fue una tendencia de alcance mundial gracias a que buena parte del país se sumó a un ruego que incluyó a deportistas en general, políticos, científicos, personalidades de la cultura y hasta los propios referentes de Lucho, como Álvaro Recoba, Diego Forlán y Lionel Messi, que se manifestaron públicamente o en privado. “Me deseó todo lo mejor, me dijo que iba a estar en el país y con la familia”, dijo Suárez sobre Leo.

Trabajo presidencial

Sin embargo, el primero que creyó fue el presidente de Nacional, José Fuentes, quien viajó a España y sirvió de puente entre ese cariño y el jugador. Fue él quien recibió la llamada de Suárez, tres minutos antes de que publicara en Twitter el video que confirma su “inevitable regreso”.

Luego, los hinchas hicieron lo suyo. En una semana el club sumó 2.000 socios nuevos y otros 4.000 aguardan en lista de espera. Además, otros 5.000 ya reservaron su camiseta, producto de un nuevo contrato con Umbro, la empresa que viste a Nacional, una vez que agotaron las 1.500 que se vendieron en los alrededores del estadio.

A las 14.00 en punto, Suárez firmó el contrato, luego de presentarse con sus compañeros y saltar al campo para saludar a la multitud que vistió el Parque Central como todos los domingos. “Estoy acá por ustedes, porque quiero estar acá y porque quiero ganar”, les dijo, y aquello que parecía imposible se concretó. Sin lujos ni contratos millonarios. Solo por gloria.

Fuente El País