Los medios portugueses lo han llamado un político «Duracell», como la marca de baterías que, según su publicidad, «duran, duran y duran».

António Costa, con una trayectoria de décadas en la política de Portugal, logró un nuevo hito en su carrera, tras lograr una histórica mayoría absoluta para el Partido Socialista (PS) portugués.

Descrito como «ingenioso» e «implacable», desafió todas las encuestas que proyectaban un empate entre la izquierda y derecha, para darle una victoria significativa a los socialistas.

Con cerca de un 42% de los votos, frente al 30% del conservador Partido Social Demócrata (PSD), el resultado le da 117 escaños al partido de Costa, quien por primera vez gobernará con mayoría absoluta, después de los gobiernos en minoría que lideró tras las elecciones de 2015 y 2019.

«Una mayoría de diálogo», prometió el político este domingo. «La mayoría absoluta no es un poder absoluto, no es gobernar en solitario», afirmó.

Imagen de Antonio Costa, primer ministro de Portugal, levantando las manos.

«Después de seis años como primer ministro, después de los últimos dos años en un combate sin precedentes contra una pandemia, es con mucha ilusión que asumo esta responsabilidad», dijo.

Los sondeos, además, auguraban una caída histórica de la participación durante unas elecciones que fueron adelantadas a mitad de curso político el pasado 2021, después de que el parlamento —incluyendo su propia coalición de izquierda— rechazara el presupuesto que presentó.

Sin embargo, los portugueses salieron a las urnas e incluso superaron a los votantes del 2019, para revalidar su confianza en Costa.

Fuertes raíces políticas

Costa, de 60 años, ha ocupado cargos políticos dentro y fuera del país ibérico desde 1982.

Comenzó apenas a sus 14 años como militante del Partido Socialista, para el cual pegaba carteles en las calles.

Su visión, dicen algunos, fue heredada de su padres, el escritor comunista Orlando da Costa, quien era originario de la excolonia portuguesa Goa (hoy India) y su madre, Maria Antónia Palla, una periodista y activista feminista.

Además de primer ministro, ha sido concejal, ministro y vicepresidente del Parlamento Europeo.

Durante los gobiernos de Antonio Guterres (1995-2002) dirigió las carteras de Justicia y Asuntos Parlamentarios. Mientras, en el gobierno de José Sócrates fue ministro de Administración Interna.

Renunció después de dos años y se postuló con éxito para la alcaldía de Lisboa, que recuperó para los socialistas en 2007. Fue reelegido para el cargo en 2009 y 2013.

Y, luego de esta hazaña, consiguió una aún mayor: lageringonça.

Imagen de Antonio Costa, primer ministro de Portugal.

Histórica alianza antiausteridad

En las elecciones generales de 2015, Costa terminó segundo detrás de una coalición de centro-derecha que había supervisado un duro programa de austeridad impuesto por la Unión Europea.

En un movimiento sorpresivo, convenció a dos partidos de extrema izquierda —comunistas y Bloco de Esquerda— para que apoyaran un gobierno socialista en minoría, la primera vez que se intentaba algo así en Portugal. Fue la llamada geringonça o jerigonza.

«Fue una novedad política en Portugal», le dijo en 2017 a BBC Mundo André Freire, especialista del Instituto Universitario de Lisboa.

En aquel momento la izquierda se encontraba en problemas para conformar gobiernos en Europa.

Muchos analistas en aquel momento predijeron que ese gobierno duraría como máximo seis meses, pero completó su mandato de cuatro años.

Portugal lidiaba con las consecuencias de la durísima crisis económica iniciada en 2008.

En 2011, el país había tenido que pedir un rescate de US$91.000 millones al Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

Los organismos impusieron durísimas condiciones de austeridad fiscal, que incluyeron el despido de empleados públicos, recortes salariales y una reducción de beneficios públicos.

Aunque Portugal se había liberado del rescate internacional en junio de 2014, las consecuencias seguían palpables. La tasa de desempleo rondaba el 12%, el 20% de la población vivía por debajo del umbral de pobreza y 485.000 portugueses habían emigrado del país entre 2011 y 2014.

La alianza impulsada por Costa, empezó a revertir las medidas de austeridad, lo que aceleró la recuperación económica. Su estrategia fue elogiada por el propio FMI, organización que destacó su «progreso encomiable».

«Las políticas que implementó el gobierno de Antonio Costa fueron en contra de la receta tradicional», explicó Freire en aquel momento, al referirse a medidas como el aumento del salario mínimo y la jornada de 35 horas semanales para los empleados públicos.

Antonio Costa junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Pie de foto, Antonio Costa junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Luego, Costa llevó a sus socialistas a la victoria en las próximas elecciones de 2019, aunque no alcanzaron la mayoría absoluta y gobernaron en minoría de nuevo con apoyo de sus socios.

La ruptura y el futuro

Bajo su mandato, Portugal registró en 2019 su primer superávit presupuestario en 45 años de democracia, aunque desde entonces la pandemia de covid-19 ha vuelto a disparar el déficit público.

El pasado año, la histórica alianza de izquierdas en Portugal se rompió cuando los comunistas y el Bloco de Esquerda —además de la derecha— rechazaron el presupuesto de Costa para el 2022, lo que derivó en la convocatoria de elecciones anticipadas (estaban pautadas para el 2023).

«Tengo la conciencia tranquila. Hice todo, todo lo que estaba en mis manos», dijo Costa ante el desacuerdo.

Antes de las elecciones del domingo, había prometido dimitir si sus socialistas no ganaban, pero también señaló su voluntad de volver a formar alianzas si ganaba sin una mayoría.

Aunque, como pidió durante su campaña, su intención era alcanzar el resultado que contra todo pronóstico finalmente logró, una mayoría absoluta.

No en vano, el presidente conservador de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, quien fue profesor de Costa en la Facultad de Derecho de la Universidad de Lisboa, dijo de él que contaba con un «optimismo crónico y ligeramente irritante«.

Imagen del Legislativo portugués

De acuerdo con Efe, antes del debilitamiento de su legislatura, Costa tenía intención de regresar a Bruselas una vez su mandato finalizara. Pero recientemente dijo que «no dará la espalda» a los electores.

El socialista, sin embargo, rechazó el único cargo que le queda por ocupar en su natal Portugal: ser presidente. En una reciente entrevista habló del tema: «No, tengo la certeza de que es un cargo que nunca ejerceré», dijo.

Vía: BBC News