Después de 66 días de aislamiento se le vio por primera vez sumamente debilitado, con la mirada perdida y sin poder sostenerse en pie por su propia cuenta. Sus camaradas alertan sobre el peligro que corre su vida y las “torturas psicológicas” a que está siendo sometido.

Lesther Alemán llegó a la audiencia inicial de su proceso, el 9 de septiembre pasado, arrastrando los pies. Literalmente. Se le vio extremadamente flaco, pálido y necesitado de ayuda para sostenerse en pie o levantarse de su silla. Desubicado y con la mirada perdida. Para entonces llevaba 66 días en aislamiento, sin que se supiera nada de él, en una cárcel policial del régimen de Daniel Ortega.

Alemán, de 23 años, es un joven conocido por toda Nicaragua. No es una estrella de rock ni un héroe deportivo. De hecho, hasta las 10:30 de la mañana del 16 de mayo de 2018 solamente sus familiares, vecinos y amigos lo conocían. Quince minutos más tarde era un personaje nacional. Su imagen de impecable camisa negra, manga larga, pañoleta al cuello y corte de pelo embombado se difundió por miles a través de las redes y los medios de comunicación nacionales e internacionales. Su figura se convirtió souvenirs en llaveros, estampados y miniaturas, y su voz ronca y potente se oyó una y otra vez por todos los rincones del país. La “lesthermanía” la bautizaron.

Ese miércoles, Lesther Alemán, para entonces de 20 años, llegó al Seminario de Fátima como a las nueve de la mañana para participar en el inicio del bautizado Diálogo Nacional entre el gobierno de Nicaragua y representantes de los sectores que organizaron las multitudinarias protestas que se sucedían desde abril en reclamo al rumbo que había tomado el régimen de Daniel Ortega. Se sabía que Ortega y su esposa, Rosario Murillo, encabezarían la delegación gubernamental.

Alemán fue escogido por sus camaradas dirigentes estudiantiles para que, llegado el momento, asaltara la palabra y encarara a Ortega. Fue escogido por su recia voz de locutor radial y él se lo tomó tan en serio que la noche anterior, relataría después, escribió y repasó sus líneas recitándolas por el pasillo del hotel donde por seguridad se había refugiado.

Ortega y Murillo llegaron a las 9:56 de la mañana al Seminario de Fátima, el lugar escogido por la Iglesia Católica como sede del Dialogo Nacional, en una camioneta Mercedes Benz en la que también iba su hija, Camila, resguardados por un fuerte dispositivo de seguridad. La negociación comenzó a las 10:17 y media hora después Ortega y Murillo estaban escuchando con asombro la voz fuerte del muchacho de camisa negra y pañoleta al cuello que los increpaba.

“No estamos aquí para escuchar un discurso que por doce años lo hemos escuchado. Presidente, conocemos la historia”, asaltó la palabra Alemán después de que hablara Ortega. “El pueblo está en las calles, nosotros estamos en esta mesa exigiéndole el cese de la represión. Sepa esto, ríndase ante todo este pueblo”.

Ortega, sorprendido, alcanzó a hacer una mueca de sonrisa. “Pueden reírse, pueden hacer las caras que quieran, pero le pedimos que ordene el cese al fuego ahorita mismo, la liberación de nuestros presos políticos. No podemos dialogar con un asesino, porque lo que se ha cometido en este país es un genocidio”, remató con su estentórea voz el joven.

Ese discurso de tres minutos le cambió la vida radicalmente a Lesther Alemán.

Si bien al salir ese mediodía del Seminario de Fátima Alemán era admirado por miles, también sería odiado y perseguido por el aparato represivo del régimen y sus simpatizantes. Nunca más volvería a su casa. Sus padres se vieron obligados a abandonar la casa debido a las amenazas y el constante asedio policial. Alemán comenzó a vivir escondido en casas de seguridad, abandonó la universidad, sufrió golpes y amenazas constantes, se fue al exilio y regresó cuando se dio una amnistía.

Al regreso a su patria, siguió viviendo escondido bajo amenazas constantes. En algún momento, dijo, su cabeza tuvo precio: 50 mil dólares.

“Yo suponía que los fanáticos de Ortega por congraciarse harían algo en mi contra. Increpar al presidente como un ciudadano tiene el derecho a hacerlo y decirle que se rinda, que renuncie, no es un atentado ni un delito”, diría Alemán en entrevista a La Prensa. “Lo que yo percibo es que la imagen de intocable se destruyó. Aquello inaccesible, lo destruimos los estudiantes. Y dijimos ¿por qué? Si es un humano, tiene que reconocer que falló e irse, pagar. Entonces en las filas del Frente era inadmisible. Ese mismo día un miembro de seguridad de Ortega dijo en Facebook que ese día no le había tocado turno, porque si no hubiera disparado al salir del diálogo”.

Para doña Lesbia Alfaro, madre de Lesther Alemán, tampoco la vida volvió a ser la misma. “Nos dio un giro a nuestras vidas porque a partir de eso ya comenzaron las amenazas. Fue algo terrible, que hasta tuvimos que dejar la casa un tiempo. Yo he andado con él en la clandestinidad. Donde andaba él tenía que andarse escondiendo como que ha matado a alguien, como que es un terrorista”, declaró.

Doña Lesbia estaba con su hijo la noche del 5 de julio en que patrullas de la Policía llegaron con violencia a detenerlo. “Sé fuerte hijo, que yo también lo seré”, logró decirle en medio de los empujones. Siguió por las calles del barrio a la patrulla donde montaron hijo hasta que se perdió y desde lejos le dio la bendición.Doña Lesbia Alfaro y su hijo, Lesther Alemán, quien lleva 75 días preso en las cárceles del régimen de Daniel Ortega. (Foto cortesía)
Doña Lesbia Alfaro y su hijo, Lesther Alemán, quien lleva 75 días preso en las cárceles del régimen de Daniel Ortega. (Foto cortesía)

Esta misma noche, el régimen detuvo también Max Jerez, compañero de Lesther Alemán en la Alianza Universitaria Nicaragüense (AUN), y a los líderes campesinos Medardo Mairena, Freddy Navas y Pedro Mena, en medio de una ola de detenciones que inició desde finales de mayo el régimen de Ortega y Murillo contra líderes opositores, y que ya ha llevado a 36 personas a la cárcel, entre ellos siete potenciales candidatos de la oposición.

Alemán fue detenido, como la mayoría de los opositores, bajo cargos de “traición a la patria” y luego el Ministerio Público lo acusó formalmente por supuesto “menoscabo de la integridad nacional”.

“Yo estoy preparado para los escenarios: cárcel o muerte”, dijo Alemán en un video grabado antes de su detención. “En lo que sí insisto: no soy traidor a la patria, nunca he hecho nada en contra de los nicaragüenses. Tampoco soy culpable de un delito que se me impute, no he recurrido a ninguna estrategia de violencia; tampoco he actuado fuera del marco legal, por ello estoy limpio, me tendrían de adorno en el escenario de la cárcel”.

Desde la noche de su detención, sus abogados no lograron verlo hasta este 9 de septiembre cuando lo llevaron a la Audiencia Inicial en estado físico deplorable.

La Alianza Universitaria Nicaragüense alertó sobre “el deterioro de la salud física y la actual condición psicológica del líder juvenil Lesther Alemán”, en un comunicado hecho público poco después de la audiencia en la cárcel conocida como “Nuevo Chipote”. “La condición de Lesther Alemán es grave y preocupante, como resultado de intensos interrogatorios, torturas psicológicas, y la casi inexistente comunicación con sus familiares y abogados”.

Doña Lesbia Alfaro teme por la vida de su hijo. Considera que hay especial saña contra él por el discurso de aquel 16 cuando increpó a Ortega. A través de esa audiencia en la que se presentó debilitado y una visita que se le permitió a su madre, se sabe que Alemán es interrogado todos los días, se le limitan los alimentos y comparte celda con el cronista deportivo Miguel Mendoza.

Vía: INFOBAE